Vicenta
Vi sentada en un balcón
a una hermosa dama
mira el primer renglón
y sabrás cómo se llama.
Vi sentada en un balcón
a una hermosa dama
mira el primer renglón
y sabrás cómo se llama.
Con «V» empieza mi nombre,
suelo ir con la corriente,
dicen de mí -por costumbre-
que donde voy, va la gente.
Dime, ¿qué te tomas
en nombre de esta persona?
Empieza por te
y acaba en esa,
¿quién será esa?
«Sí mona, así te quiero»,
un galán aseguraba
y a su dama así le daba,
astuto, su nombre entero.
Tiene cuatro letras,
cuatro nada más,
si repites una,
su nombre dirás.
Nace en el mar,
muere en el río.
Ese es mi nombre…
¡pues vaya un lío!
Con la cama de un navío
y casa de centinela,
se hace el nombre de mi dama
sin que le falte una letra.
Del mar salió mi nombre
y, tan desgraciada nací,
que, huyendo de la desgracia,
contra una garita di.
De Isabel, quitando el «bel»,
y de Lucas, lo postrero.
¿Cómo se llama la joven?
Adivina, caballero.
Paco Pepe es ese hombre,
¿me puedes decir su nombre?
Tres partes tiene mi nombre:
en Francia está la primera;
la segunda, aunque te asombre,
dentro de un cisne se esconde
y la tercera la tiene la cocinera.
Detrás de una esquina
hay una tina
llena de flores;
si eres discreta
acierta mi nombre.
En este banco hay un hombre y un bicho
el nombre del hombre ya te lo he dicho.