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adivinanzas sobre el mar y la playa

Tengo ocho patas
cargadas de ventosas,
y paseo por las rocas,
meciéndome en las olas.
¿Quién soy?

Ella no tiene pies,
y si te descuidas,
parece un pez.

Ni de día, ni de noche
puede mi vela alumbrar,
pero cuando sopla el viento
muy bien suelo navegar.


Olas me llevan,
olas me traen,
pero las velas
nunca se me caen.

Si dejas atrás la playa
ella te mantiene a raya.


El padre en el mar
y el hijo a rezar.

Soy chiquitito,
puedo nadar,
vivo en los ríos
y en alta mar.


¿Qué bicho dirás que es,
que es algo y nada a la vez?

Llegamos sin cesar, una tras otra,
desde el mar a la playa a descansar.
A veces, sin embargo, más furiosas,
los barcos podemos destrozar.


No pienses en otras cosas,
que las tienes en el mar,
o las ves llegar furiosas,
o las ves mansas llegar.

Haciendo ruido ya vienen,
haciendo ruido se van;
y, cuando mañana vuelvan,
de igual manera se irán.


En dos castañuelas voy encerrado
y al sacarme del mar me pongo colorado

Soy pequeño y alargado,
en dos conchas colocado,
como no puedo nadar,
me pego a las rocas del mar.


En mí se mueren los ríos,
y por mí los barcos van,
muy breve es el nombre mío,
tres letras tiene, no más.

Soy el que jamás descansa
y va y viene sin cesar.
Nunca me puedo secar.
Jamás te aburre mi danza.
En presencia o añoranza
tu siempre me vas a amar.


El cielo y la tierra
se van a juntar;
la ola y la nube
se van a enredar.
Vayas donde vayas
siempre lo verás,
por mucho que andes
nunca llegarás.

Cinco brazos, no te miento,
habita siempre en el mar,
aunque la puedes hallar
de noche en el firmamento.


Sin estrujarte el testuz
y rápido cual centella,
¿sabrás decirme qué estrella
nunca jamás tiene luz?

Vivo en el mar sin ser pez
y soy siempre juguetón;
nunca me baño en el Rhin,
pues soy el mismo del fin.


Tengo el nombre de una niña,
crezco en el fondo del mar
y en la arena de la playa
tú me puedes encontrar.

Adivina quien yo soy:
al ir parece que vengo,
y al venir, es que me voy.


Dos pinzas tengo,
hacia atrás camino,
de mar o de río
en el agua vivo.

En una cala del mar,
aunque con muy mala pinta,
dispuesto para pintar
utilizando su tinta.