De verde esmeralda
sobre la tapiada,
rabo rabilargo,
pata estirada,
corre que te corre,
mocita salada.
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María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
¿Quién hace en los troncos su oscura casita y allí esconde, avara, cuanto necesita?
Va caminando por un caminito, no tiene alas y va despacito.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Soy chiquitito, puedo nadar, vivo en los ríos y en alta mar.
Sin salir de su casa por todos los sitios pasa.
Aunque no soy florista trabajo con flores y por más que me resista el hombre arrebata el fruto de mis labores.
Su padre relincha con pésima voz, su madre rebuzna y suelta una coz.
Tengo alas y pico y hablo y hablo sin saber lo que digo.
Mi casa llevo a cuestas, tras de mí dejo un sendero, soy lento de movimientos, no le gusto al jardinero.
