De verde esmeralda
sobre la tapiada,
rabo rabilargo,
pata estirada,
corre que te corre,
mocita salada.
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Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.
Sin salir de su casa por todos los sitios pasa.
Cerca del polo, desnuda, sentada sobre una roca, suave, negra, bigotuda.
Animal soy, desde luego; me llaman el jorobado, y que tengo cuatro patas, ya se da por descontado.
Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
Cargadas van, cargadas vienen y en el camino no se detienen.
Con la primavera, llega la viajera. Su nido es de barro y su cola, de tijera.
Cuantas manos le dio el mar a este extraño pasajero que lo quieren contratar para que juegue de arquero ¿quién es?
Chao, chao, rabito «alzao».
Vivo en el mar sin ser pez, y soy siempre juguetón, nunca me baño en el Rhin, pues soy el mismo del fin.
