Dos son tres,
tres son cuatro
y cuatro son seis.
¿Qué son?
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Sin ser el padre de Adán, principio y fin del alma he sido. En medio del mar y al final de la tierra, se escucha mi sonido.
No me pronuncies dos veces que tengo sonido feo; siendo la letra del kilo en carreteras me veo.
Detrás de la i la encontrarás. Mueve las piernas y la bailarás.
En el principio de Roma, tú me puedes encontrar. Vivo en medio de París y también al final del mar.
La letra más alta soy, la más delgada también, la luna y el sol me llevan, el aire nunca me ve.
¿Qué hay en semana, en minuto y en mes, pero no en hora ni en tres?
Formo parte de París, en el fin del mar me encuentro, en el principio de Roma y, del Norte, estoy en el centro.
Una cosa quisicosa, de ovalada construcción, todos los hombres la tienen, pero las mujeres, no. El Obispo como todos también tiene dos.
Una en la tierra, una en la luna; pero en el cielo no encontrarás ninguna.
En medio del mar estoy, no soy ni buque ni vela, y si vas al arsenal, me encontrarás la primera.
