¡Que sí!
que me crece la nariz
al mentir
¡ay de mí!
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Perdí mi sombra, y cuando la encontré, a Wendy me llevé.
¡Que sí! que me crece la nariz al mentir ¡ay de mí!
Le encanta la carne de ciervo y gamuza, le encanta la niña de la caperuza.
No tuvo padre ni madre, cuando nació ya era un hombre, tiene muchos descendientes y todos saben su nombre.
Es fácil este acertijo, ganó merecida fama ensartando una manzana en la cabeza de su hijo.
Tiene nombre de joyero, menudo, blanco, ligero. Vive sin haber vivido y es de todos conocido.
Era un animal feroz, hasta pintarlo de rosa; ahora nos divierte mucho; lo feroz... ya es otra cosa.
Mucho correr, mucho fregar y a sus hermanas trajes planchar pero, al final, ya lo verás, en el palacio, se casará.
Escudero regordete, a su Señor acompaña, envuelto en mil aventuras por los campos de la Mancha.
De rojo me cubro sin ser amapola, mi abuela y el lobo completan la historia.
