Soy la redondez del Mundo,
sin mí no puede haber Dios,
Papas y Cardenales sí,
pero Pontífices no.
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Me puedes ver en tu piso, y también en tu nariz; sin mí no habría ricos y nadie sería feliz.
¿Sabes de alguna letrita, que si la vuelta le das, enseguida se convierte de consonante en vocal?
La última soy del cielo, en Dios el tercer lugar, me encuentras siempre en navío, y nunca estoy en el mar.
No está nunca en la vereda, pero siempre está en la calle, nunca está con cerradura, pero siempre está con llave.
Me parezco a la serpiente y en la serpiente estoy, pon a trabajar tu mente para decirme quién soy.
León la tiene delante, Motril la lleva detrás y, justo, justo en el medio verás que la tiene Blas.
Una vez en un minuto, dos veces en un momento, tres veces en mimetismo, y en cuatro, ¡no la encuentro!.
En cualquier día de la semana me verás, excepto en domingo que no me encontrarás.
Tengo forma de anillo, y soy la primera y la última en organillo.
Una cosa quisicosa, de ovalada construcción, todos los hombres la tienen, pero las mujeres, no. El Obispo como todos también tiene dos.
