Soy la redondez del Mundo,
sin mí no puede haber Dios,
Papas y Cardenales sí,
pero Pontífices no.
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Casi la lleva al principio, pancarta en la mitad y amanecer ya muy al final.
Aunque diciendo mi nombre des tú casi un estornudo, hacha me tiene en su vientre pero mi sonido es mudo.
No está nunca en la vereda, pero siempre está en la calle, nunca está con cerradura, pero siempre está con llave.
¿Sabes de alguna letrita, que si la vuelta le das, enseguida se convierte de consonante en vocal?
A la orilla del mar estoy, y sin mi no hay amor. Soy primera en el misterio y no existo en el dolor.
En medio del mar, hay una negrita, no come ni bebe, y siempre está gordita.
Una cosa quisicosa, de ovalada construcción, todos los hombres la tienen, pero las mujeres, no. El Obispo como todos también tiene dos.
Dedos tiene dos, piernas y brazos no.
Una vez en un minuto, dos veces en un momento, tres veces en mimetismo, y en cuatro, ¡no la encuentro!.
El burro la lleva a cuestas, metidita en un baúl, yo no la tuve nunca y siempre la tienes tú.
