Tengo alas y pico
y hablo y hablo
sin saber lo que digo.
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De frente miro al sol sin que me ciegue, más alto vuelo que ave alguna, símbolo soy de imperios y reyes y dos cabezas a veces me dibujan. ¿Quién soy?
Voy con mi casa al hombro, camino sin tener patas, y voy marcando mi huella con un hilito de plata.
En el estanque me admiran, por mi elegancia y belleza tengo cuello largo y fino y muy bonita cabeza.
Vivo en el mar sin ser pez, y soy siempre juguetón, nunca me baño en el Rhin, pues soy el mismo del fin.
Soy chiquitito, puedo nadar, vivo en los ríos y en alta mar.
Soy un animal pequeño, piensa mi nombre un rato, porque agregando una «n» tendrás mi nombre en el acto.
Mamífero rumiante de cuello alargado, por el desierto, errante, siempre anda jorobado.
Nunca pongo mala cara, aunque siempre me dan col, acierta bobalicón.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
