Anido en las torres,
largo cuello tengo
y todos los años
por San Blas vengo.
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Su padre relincha con pésima voz, su madre rebuzna y suelta una coz.
Alas de muchos colores se pierden entre las flores.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Nace en la dehesa y come en tu mesa.
Teje con maña, caza con saña.
Sin salir de su casa por todos los sitios pasa.
Zumba que te zumba, van y vienen sin descanso, de flor en flor trajinando y nuestra vida endulzando.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
Sobre la vaca, la «o», a que no lo aciertas, no.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
