Cien amigos tengo,
todos en una tabla,
si yo no los toco,
ellos no me hablan
más adivinanzas de instrumentos musicales...
Brazos con brazos, panza con panza, rascando en medio, surge la danza.
Yo tengo puesto de honor en toda fiesta guajira: cuando mis seis cuerdas pulsa, el campesino se inspira y su cantar yo acompaño con mi dulce melodía, desde que empieza el guateque hasta que despunta el día.
Marfil y madera fina, a tocarnos con talento, el que no sabe, no atina.
Soy una caja adornada con dos palos para sonar, y en la banda de la escuela, me puedes encontrar. ¿Qué soy?
Sobre una piel bien tensada, dos bailarines saltaban.
En una larga abertura tengo yo mi dentadura y luego que empiezo a hablar, todas mis piezas se mueven sin poderlas yo parar.
Dama con pendiente que toca deprisa para que la gente no pierda la misa.
Una vieja con un diente que llama a toda la gente.
Zumba que te zumba, se oye mi son, en las noches navideñas, hasta que aparece el sol.
Me rascan continuamente de forma muy placentera, mi voz es muy bien timbrada y mi cuerpo de madera.
