Cien amigos tengo,
todos en una tabla,
si yo no los toco,
ellos no me hablan
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Una niña tontiloca, con la boca en la barriga, y las tripas en la boca.
Cien amigos tengo, todos en una tabla, si yo no los toco, ellos no me hablan
Yo tengo puesto de honor en toda fiesta guajira: cuando mis seis cuerdas pulsa, el campesino se inspira y su cantar yo acompaño con mi dulce melodía, desde que empieza el guateque hasta que despunta el día.
Entre pared y pared hay una santa mujer que con el diente llama a la gente, con las muelas a las mozuelas, con los colmillos a los chiquillos.
Una vieja con un diente que llama a toda la gente.
Buenas y sonoras cuerdas tengo; cuando me rascan, a la gente entretengo.
Sobre una piel bien tensada, dos bailarines saltaban.
En una larga abertura tengo yo mi dentadura y luego que empiezo a hablar, todas mis piezas se mueven sin poderlas yo parar.
Instrumento musical, jaranero y redondico, que todos saben tocar del virtuoso al borrico y que resulta esencial si cantas un villancico.
Puedo ser alegre o triste, según quien me toque esté: con que me rasgues las cuerdas, buen sonido emitiré.
