Cuando yo subo, tú bajas;
si tú subes, bajo yo:
a la misma altura nunca
podemos estar los dos.
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Si sumas uno más uno evidente que da dos, y si da dos te descubro dos veces la solución de este juego de salón.
Veintiocho caballeros ataviados de levita, que se ponen en la mesa a jugar una partida.
Sólo una faja es mi vestido, cuando me lo quitan arranco a bailar. Pies y manos no tengo, pero a los más jóvenes entretengo.
Tengo cadenas sin ser preso, si me empujas voy y vengo, en los jardines y parques muchos niños entretengo.
Todos dicen que me quieren para hacer buenas jugadas, y, en cambio, cuando me tienen me tratan siempre a patadas.
Con caras muy blancas llenas de lunares a unos damos suerte, a otros, pesares.
Bajo mi carpa gigante, acojo a chicos y grandes; payasos y trapecistas son típicos en mis pistas.
Es un bonito juego: tu te vas y yo me quedo; cuento, cuento, cuento y luego voy a tu encuentro.
Cómete la «e» y pon una «a». Mírala muy bien y échala a volar.
El rey y la reina con ocho peones, caballos y torres, combaten y comen.
