Dedos tiene dos,
piernas y brazos no.
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Tengo forma de anillo, y soy la primera y la última en organillo.
A la orilla del mar estoy, y sin mi no hay amor. Soy primera en el misterio y no existo en el dolor.
No me pronuncies dos veces que tengo sonido feo; siendo la letra del kilo en carreteras me veo.
En el principio de Roma, tú me puedes encontrar. Vivo en medio de París y también al final del mar.
Sin ser el padre de Adán, principio y fin del alma he sido. En medio del mar y al final de la tierra, se escucha mi sonido.
Casi la lleva al principio, pancarta en la mitad y amanecer ya muy al final.
Detrás de la i la encontrarás. Mueve las piernas y la bailarás.
No está nunca en la vereda, pero siempre está en la calle, nunca está con cerradura, pero siempre está con llave.
Wamba y Witiza me tienen de pie, Víctor sólo a medias y Muza al revés.
Una cosa quisicosa, de ovalada construcción, todos los hombres la tienen, pero las mujeres, no. El Obispo como todos también tiene dos.
