El roer es mi trabajo,
el queso mi aperitivo
y el gato ha sido siempre
mi más temido enemigo.
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Tengo alas y pico y hablo y hablo sin saber lo que digo.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Verde como el campo, campo no es, habla como el hombre, hombre no es.
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Vivo en el mar sin ser pez, y soy siempre juguetón, nunca me baño en el Rhin, pues soy el mismo del fin.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
Orejas largas, rabo cortito; corro y salto muy ligerito.
Iba una vaca de lado, luego resultó pescado.
