En el principio de Roma,
tú me puedes encontrar.
Vivo en medio de París
y también al final del mar.
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Casi la lleva al principio, pancarta en la mitad y amanecer ya muy al final.
Una cosa quisicosa, de ovalada construcción, todos los hombres la tienen, pero las mujeres, no. El Obispo como todos también tiene dos.
Dos son tres, tres son cuatro y cuatro son seis. ¿Qué son?
¿Qué hay en el centro de Jérez?
Me puedes ver en tu piso, y también en tu nariz; sin mí no habría ricos y nadie sería feliz.
Detrás de la i la encontrarás. Mueve las piernas y la bailarás.
En cualquier día de la semana me verás, excepto en domingo que no me encontrarás.
En la vaca estoy, en el viento voy, si en burro me ves en ortografía vas al revés.
En medio del cielo estoy sin ser sol, ni luna llena, sin ser lucero, ni estrella; a ver si aciertas quién soy.
Me parezco a la serpiente y en la serpiente estoy, pon a trabajar tu mente para decirme quién soy.
