En el principio de Roma,
tú me puedes encontrar.
Vivo en medio de París
y también al final del mar.
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¿Qué hay en el centro de Jérez?
Una cosa quisicosa, de ovalada construcción, todos los hombres la tienen, pero las mujeres, no. El Obispo como todos también tiene dos.
En medio del mar estoy, no soy ni buque ni vela, y si vas al arsenal, me encontrarás la primera.
Mi sombrero es una ola, estoy en medio del año, nunca estoy en caracola y sí al final del castaño.
Dos son tres, tres son cuatro y cuatro son seis. ¿Qué son?
¿Que es lo que se repite una vez cada minuto, dos veces cada momento y nunca en cien años?
Sin ser el padre de Adán, principio y fin del alma he sido. En medio del mar y al final de la tierra, se escucha mi sonido.
La última de todas soy, pero en zurdo y zapato primera voy.
Aunque diciendo mi nombre des tú casi un estornudo, hacha me tiene en su vientre pero mi sonido es mudo.
A la orilla del mar estoy, y sin mi no hay amor. Soy primera en el misterio y no existo en el dolor.
