En los cuentos soy el malo,
porque en vez de un helado,
me comería…
¡Al que tienes al lado!
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Robo a los ricos, se lo doy a los pobres, y a mi amada Marian, le mando flores.
¡Qué suerte tiene esta señorita!, que tiene una varita, y cuando la agita, te convierte en princesita.
Todo cubierto con traje blanco, cuando aparezco a todos espanto.
Alto y flaco caballero justiciero y soñador, que, a lomos de Rocinante, a molinos se enfrentó creyendo que eran gigantes.
Su madrastra y sus hermanas no la dejaban salir pero llegó el hada buena y al príncipe hizo feliz.
No tuvo padre ni madre, cuando nació ya era un hombre, tiene muchos descendientes y todos saben su nombre.
La voz me quitaron para caminar, y el príncipe amado, me fue a rescatar.
Roe, roe en la despensa; roe, roe, roe el pan, y si tú pierdes un diente un tesoro te dará.
Mi padre me llevó al bosque y el camino señalé marcándolo con piedrecitas para así poder volver.
Echo fuego por la boca, espanto por donde voy, ¡ten cuidado!, al que se equivoca, le echa fuego por la boca.
