En los cuentos soy el malo,
porque en vez de un helado,
me comería…
¡Al que tienes al lado!
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Era un animal feroz, hasta pintarlo de rosa; ahora nos divierte mucho; lo feroz... ya es otra cosa.
Echo fuego por la boca, espanto por donde voy, ¡ten cuidado!, al que se equivoca, le echa fuego por la boca.
La voz me quitaron para caminar, y el príncipe amado, me fue a rescatar.
Es fácil este acertijo, ganó merecida fama ensartando una manzana en la cabeza de su hijo.
Todo cubierto con traje blanco, cuando aparezco a todos espanto.
No tuvo padre ni madre, cuando nació ya era un hombre, tiene muchos descendientes y todos saben su nombre.
¡Qué suerte tiene esta señorita!, que tiene una varita, y cuando la agita, te convierte en princesita.
Ella no tiene pies, y si te descuidas, parece un pez.
Una pedrada fue suficiente para que un pequeño rey hiciese su gesta más valiente.
Tiene nombre de joyero, menudo, blanco, ligero. Vive sin haber vivido y es de todos conocido.
