La última soy del cielo,
en Dios el tercer lugar,
me encuentras siempre en navío,
y nunca estoy en el mar.
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En el principio de Roma, tú me puedes encontrar. Vivo en medio de París y también al final del mar.
Aunque diciendo mi nombre des tú casi un estornudo, hacha me tiene en su vientre pero mi sonido es mudo.
Una cosa quisicosa, de ovalada construcción, todos los hombres la tienen, pero las mujeres, no. El Obispo como todos también tiene dos.
No me pronuncies dos veces que tengo sonido feo; siendo la letra del kilo en carreteras me veo.
Una en la tierra, una en la luna; pero en el cielo no encontrarás ninguna.
La última soy del cielo, en Dios el tercer lugar, me encuentras siempre en navío, y nunca estoy en el mar.
Sin ser el padre de Adán, principio y fin del alma he sido. En medio del mar y al final de la tierra, se escucha mi sonido.
Casi la lleva al principio, pancarta en la mitad y amanecer ya muy al final.
No está nunca en la vereda, pero siempre está en la calle, nunca está con cerradura, pero siempre está con llave.
Wamba y Witiza me tienen de pie, Víctor sólo a medias y Muza al revés.
