Mi reinado está en el mar,
soy de peso regordeta;
un día, siglos atrás,
me tragué entero a un profeta
aunque luego lo expulsé
al pensar que estaba a dieta.
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Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
Lo rascaba llorando de la crin a la cola y en él se iba trotando por una loma.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
Envuelto en un cobertor, haga frío o calor.
De celda en celda voy pero presa no estoy.
Teje con maña, caza con saña.
¿Quién hace en los troncos su oscura casita y allí esconde, avara, cuanto necesita?
Grandes patazas, chicas manitas, lindos colores en mis alitas, salto y no sé dónde caeré.
Las cinco vocales en su nombre lleva, y no siendo ave por la noche vuela.
