Por come empieza
y volar sabe,
no es un avión,
ni tampoco un ave.
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Me componen cuatro palos impresos en cartulina. Tengo reyes y caballos, seguro que me adivinas.
Todos corren, uno pita, dos detienen, muchos gritan.
Son mis fichas amarillas, rojas, azules y verdes, si las comes y las pillas, tu te cuentas hasta veinte.
Bolitas pequeñas, de metal o de cristal, mételas en el hoyo y nunca perderás.
Por come empieza y volar sabe, no es un avión, ni tampoco un ave.
Veintiocho caballeros ataviados de levita, que se ponen en la mesa a jugar una partida.
Miras adelante, haces ejercicio, das a los pedales, tienes equilibrio.
Dieciséis personajes, con el rey y la reina, se enfrentan a otros tantos: si juegas mal te encontrarás perdido ¡y ganará el contrario!
Tengo caballos que suben y bajan, dan vueltas y vueltas y nunca se cansan.
Once jugadores del mismo color, diez van por el campo, detrás de un balón.
