Sin ser el padre de Adán,
principio y fin del alma he sido.
En medio del mar
y al final de la tierra,
se escucha mi sonido.
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Mi sombrero es una ola, estoy en medio del año, nunca estoy en caracola y sí al final del castaño.
Una cosa quisicosa, de ovalada construcción, todos los hombres la tienen, pero las mujeres, no. El Obispo como todos también tiene dos.
¿Que es lo que se repite una vez cada minuto, dos veces cada momento y nunca en cien años?
La última soy del cielo, en Dios el tercer lugar, me encuentras siempre en navío, y nunca estoy en el mar.
Aunque diciendo mi nombre des tú casi un estornudo, hacha me tiene en su vientre pero mi sonido es mudo.
En medio del cielo estoy sin ser sol, ni luna llena, sin ser lucero, ni estrella; a ver si aciertas quién soy.
Dedos tiene dos, piernas y brazos no.
Soy la redondez del Mundo, sin mí no puede haber Dios, Papas y Cardenales sí, pero Pontífices no.
León la tiene delante, Motril la lleva detrás y, justo, justo en el medio verás que la tiene Blas.
Estoy en el sol, estoy en el río, y cuando camino, voy contigo.
