Sin ser el padre de Adán,
principio y fin del alma he sido.
En medio del mar
y al final de la tierra,
se escucha mi sonido.
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En el principio de Roma, tú me puedes encontrar. Vivo en medio de París y también al final del mar.
Mi sombrero es una ola, estoy en medio del año, nunca estoy en caracola y sí al final del castaño.
Dedos tiene dos, piernas y brazos no.
Soy un palito muy derechito, y encima de la frente llevo un mosquito, que ni pica, ni vuela, ni toca la vihuela.
No está nunca en la vereda, pero siempre está en la calle, nunca está con cerradura, pero siempre está con llave.
Sin ser el padre de Adán, principio y fin del alma he sido. En medio del mar y al final de la tierra, se escucha mi sonido.
Soy la redondez del Mundo, sin mí no puede haber Dios, Papas y Cardenales sí, pero Pontífices no.
No me pronuncies dos veces que tengo sonido feo; siendo la letra del kilo en carreteras me veo.
Detrás de la i la encontrarás. Mueve las piernas y la bailarás.
¿Qué hay en semana, en minuto y en mes, pero no en hora ni en tres?
