Topó mi padre en la iglesia
con uno vestido de negro,
ni era fraile, ni era cura,
que era lo que dije primero.
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¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
Donde nadie sube, trepo, donde nadie anda, trisco, muy poco estoy en el valle, pues lo mío son los riscos.
Zumba que te zumba, van y vienen sin descanso, de flor en flor trajinando y nuestra vida endulzando.
¿Quién allá en lo alto en las ramas mora y allí esconde, avara, todo lo que roba?
Chao, chao, rabito «alzao».
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.
Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
Alas de muchos colores se pierden entre las flores.
Grandes patazas, chicas manitas, lindos colores en mis alitas, salto y no sé dónde caeré.
