Topó mi padre en la iglesia
con uno vestido de negro,
ni era fraile, ni era cura,
que era lo que dije primero.
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Por más que se suena el moco le cuelga.
Me roban mi vestidura porque la fuerza es su ley y visten con mis despojos desde el esclavo hasta el rey.
Te doy leche y mi lana, y para hablar digo: «beeeee», si no adivinas mi nombre yo nunca te lo diré.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Es que el pobre ve tan poco que tampoco mira ya, topa que topa que topa, con la topa lo hallarás.
Si me escribes como es soy de la selva el rey si me escribes al revés yo seré Papá Noel.
Soy dama cruel, temerosa, me paseo en verde prado, y todo aquel que me mira se queda muy espantado. Yo luzco un largo vestido que en tienda no fue comprado, no fue por mano de sastre, ni medido, ni cortado.
Tiene famosa memoria, gran tamaño y dura piel, y la nariz más grandota que en el mundo pueda haber.
Salta y salta por los montes, usa las patas de atrás, su nombre ya te lo he dicho, fíjate y lo verás.
