Topó mi padre en la iglesia
con uno vestido de negro,
ni era fraile, ni era cura,
que era lo que dije primero.
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Mi casa llevo a cuestas, tras de mí dejo un sendero, soy lento de movimientos, no le gusto al jardinero.
Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
Tiene famosa memoria, gran tamaño y dura piel, y la nariz más grandota que en el mundo pueda haber.
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
En el campo me crié dando voces como loca; me ataron de pies y manos para quitarme la ropa.
¿Quién hace su casa en la verde rama, y allí a sus hijos solicita y llama?
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Si la tienes tú la buscas, si no la tienes, ni la buscas, ni la quieres.
Es tan grande mi fortuna que estreno todos los años un vestido sin costura, de colores salpicado.
Anido en las torres, largo cuello tengo y todos los años por San Blas vengo.
