Un bulto veo venir,
sus pasos no hay quien los cuente,
y, cuando se acerca a mí,
meto mi cuerpo en su vientre.
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Un bulto veo venir, sus pasos no hay quien los cuente, y, cuando se acerca a mí, meto mi cuerpo en su vientre.
Lugar de compra, lugar de venta, donde cada ama de casa hace su cuenta.
Alta y delgada, cabeza brillante, ilumina de noche a los caminantes.
Mido telas y estaturas, pero, a veces, en ciudades, sin humos y sin candelas, llevo gente en cantidades.
Zapatos de goma, ojos de cristal, con una manguera lo alimentarás, dentro del garaje lo sueles guardar.
Me llegan las cartas y no sé leer y, aunque me las trago, no mancho el papel.
Con sólo tres colores ordeno a cada uno. Si todos me respetan no habrá accidente alguno.
Vivo entre dos muros que no pueden verse y aunque no me doblo me dobla la gente.
Todos me pisan a mí, pero yo no piso a nadie; todos preguntan por mí, yo no pregunto por nadie.
Cuatro señoras van para francia ruedan y ruedan y nunca se cansan
