Una cosa quisicosa,
de ovalada construcción,
todos los hombres la tienen,
pero las mujeres, no.
El Obispo como todos
también tiene dos.
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Aunque diciendo mi nombre des tú casi un estornudo, hacha me tiene en su vientre pero mi sonido es mudo.
Mi sombrero es una ola, estoy en medio del año, nunca estoy en caracola y sí al final del castaño.
A la orilla del mar estoy, y sin mi no hay amor. Soy primera en el misterio y no existo en el dolor.
Una letra pizpireta, de perdiz y cazoleta que se esconde en la maceta.
La letra más alta soy, la más delgada también, la luna y el sol me llevan, el aire nunca me ve.
Formo parte de París, en el fin del mar me encuentro, en el principio de Roma y, del Norte, estoy en el centro.
Piensa y lo adivinarás: ¿qué tiene Adán delante que Eva tiene detrás?
Me puedes ver en tu piso, y también en tu nariz; sin mí no habría ricos y nadie sería feliz.
Una cosa quisicosa, de ovalada construcción, todos los hombres la tienen, pero las mujeres, no. El Obispo como todos también tiene dos.
Estoy en el sol, estoy en el río, y cuando camino, voy contigo.
