Una cosa quisicosa,
de ovalada construcción,
todos los hombres la tienen,
pero las mujeres, no.
El Obispo como todos
también tiene dos.
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Mi sombrero es una ola, estoy en medio del año, nunca estoy en caracola y sí al final del castaño.
El burro la lleva a cuestas, metidita en un baúl, yo no la tuve nunca y siempre la tienes tú.
Soy un palito muy derechito, y encima de la frente llevo un mosquito, que ni pica, ni vuela, ni toca la vihuela.
Aunque diciendo mi nombre des tú casi un estornudo, hacha me tiene en su vientre pero mi sonido es mudo.
No está nunca en la vereda, pero siempre está en la calle, nunca está con cerradura, pero siempre está con llave.
Dedos tiene dos, piernas y brazos no.
Me puedes ver en tu piso, y también en tu nariz; sin mí no habría ricos y nadie sería feliz.
Una letra pizpireta, de perdiz y cazoleta que se esconde en la maceta.
Wamba y Witiza me tienen de pie, Víctor sólo a medias y Muza al revés.
En el principio de Roma, tú me puedes encontrar. Vivo en medio de París y también al final del mar.
