Una cosa quisicosa,
de ovalada construcción,
todos los hombres la tienen,
pero las mujeres, no.
El Obispo como todos
también tiene dos.
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Sin ser el padre de Adán, principio y fin del alma he sido. En medio del mar y al final de la tierra, se escucha mi sonido.
Soy la redondez del Mundo, sin mí no puede haber Dios, Papas y Cardenales sí, pero Pontífices no.
En medio del mar, hay una negrita, no come ni bebe, y siempre está gordita.
Dedos tiene dos, piernas y brazos no.
No está nunca en la vereda, pero siempre está en la calle, nunca está con cerradura, pero siempre está con llave.
Mi sombrero es una ola, estoy en medio del año, nunca estoy en caracola y sí al final del castaño.
En medio del mar estoy, no soy ni buque ni vela, y si vas al arsenal, me encontrarás la primera.
Formo parte de París, en el fin del mar me encuentro, en el principio de Roma y, del Norte, estoy en el centro.
Wamba y Witiza me tienen de pie, Víctor sólo a medias y Muza al revés.
En cualquier día de la semana me verás, excepto en domingo que no me encontrarás.
