Veintiocho caballeros
ataviados de levita,
que se ponen en la mesa
a jugar una partida.
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Cuando yo subo, tú bajas; si tú subes, bajo yo: a la misma altura nunca podemos estar los dos.
Soy pequeña y de cristal, méteme en el hoyo y no perderás.
Por come empieza y volar sabe, no es un avión, ni tampoco un ave.
Cómete la «e» y pon una «a». Mírala muy bien y échala a volar.
Tengo ruedas y pedales, cadenas y un manillar; te ahorras gasolina aunque te haga sudar.
Cuanto más y más lo llenas, menos pesa y sube más.
Tengo caballos que suben y bajan, dan vueltas y vueltas y nunca se cansan.
Juegan en la cancha más altos que bajos; meten la pelota dentro de los aros.
Un mundo de fantasía cargadito de ilusiones, despierta nuestra alegría entre tantas atracciones.
Veintiocho caballeros, de espaldas negras y lisas, delante, todo agujeros, por dominar se dan prisa.
