Veintiocho caballeros
ataviados de levita,
que se ponen en la mesa
a jugar una partida.
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Todos dicen que me quieren para hacer buenas jugadas, y, en cambio, cuando me tienen me tratan siempre a patadas.
Con caras muy blancas llenas de lunares a unos damos suerte, a otros, pesares.
Soy pequeña y de cristal, méteme en el hoyo y no perderás.
Son mis fichas amarillas, rojas, azules y verdes, si las comes y las pillas, tu te cuentas hasta veinte.
En un suelo de baldosas unas blancas y otras negras, luchan reyes y peones, caballos, torres y reinas.
Alegría de niños soy por mi pausado vaivén; voy y vengo, vengo y voy y en muchos parques me ven.
Dieciséis personajes, con el rey y la reina, se enfrentan a otros tantos: si juegas mal te encontrarás perdido ¡y ganará el contrario!
Cuanto más y más lo llenas, menos pesa y sube más.
Bajo mi carpa gigante, acojo a chicos y grandes; payasos y trapecistas son típicos en mis pistas.
Bolitas pequeñas, de metal o de cristal, mételas en el hoyo y nunca perderás.
