Adivina, adivinanza
Vuela entre las flores
con sus alas de colores
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Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
Es tan grande mi fortuna que estreno todos los años un vestido sin costura, de colores salpicado.
Sin tener alas yo vuelo. Tengo cola y no soy ave, y como usted muy bien sabe, sin viento me voy al suelo.
¿Quién hace su casa en la verde rama, y allí a sus hijos solicita y llama?
Tengo de rey la cabeza calzo espuela pavonada, llevo barba colorada, mi sueño temprano empieza y madrugo a la alborada.
¿Quién hace en los troncos su oscura casita y allí esconde, avara, cuanto necesita?
Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Cargadas van, cargadas vienen y en el camino no se detienen.
