Adivina, adivinanza
Vuela entre las flores
con sus alas de colores
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Vivo en el mar sin ser pez, y soy siempre juguetón, nunca me baño en el Rhin, pues soy el mismo del fin.
Dos torres altas, dos miradores, un quitamoscas, cuatro andadores.
Mi casa llevo a cuestas, tras de mí dejo un sendero, soy lento de movimientos, no le gusto al jardinero.
Es tan grande mi fortuna que estreno todos los años un vestido sin costura, de colores salpicado.
Mientras ella cacarea, él va buscando pelea.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Cargadas van, cargadas vienen y en el camino no se detienen.
Tiene famosa memoria, gran tamaño y dura piel, y la nariz más grandota que en el mundo pueda haber.
En un monte muy espeso anda un animal sin hueso.
No es león y tiene garra, no es pato y tiene pata.
