Adivina, adivinanza
Vuela entre las flores
con sus alas de colores
más adivinanzas de animales...
Alto, altanero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada, espuelas de acero.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
Mi nombre lo leo, mi apellido es pardo, quién no lo adivine, es un poco tardo.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
En el estanque me admiran, por mi elegancia y belleza tengo cuello largo y fino y muy bonita cabeza.
Vive en el desierto, mata a las personas, debajo de las piedras, muy bien se acomoda.
Soy dama cruel, temerosa, me paseo en verde prado, y todo aquel que me mira se queda muy espantado. Yo luzco un largo vestido que en tienda no fue comprado, no fue por mano de sastre, ni medido, ni cortado.
Las cinco vocales en su nombre lleva, y no siendo ave por la noche vuela.
Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
Verde como el campo, campo no es, habla como el hombre, hombre no es.
