Adivina, adivinanza
Vuela entre las flores
con sus alas de colores
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Grandes patazas, chicas manitas, lindos colores en mis alitas, salto y no sé dónde caeré.
En un monte muy espeso anda un animal sin hueso.
Adivina, adivinajera: no tiene traje y sí faltriquera.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Viste de chaleco blanco, y también de negro frac, es un ave que no vuela, pero nada. ¿Que será?
Soy roja como un rubí y llevo pintitas negras, me encuentro en el jardín, en las plantas o en la hierba.
Voy con mi casa al hombro, camino sin tener patas, y voy marcando mi huella con un hilito de plata.
De verde esmeralda sobre la tapiada, rabo rabilargo, pata estirada, corre que te corre, mocita salada.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Cuantas manos le dio el mar a este extraño pasajero que lo quieren contratar para que juegue de arquero ¿quién es?
