Adivina quien yo soy:
al ir parece que vengo,
y al venir, es que me voy.
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Chao, chao, rabito «alzao».
Es tan grande mi fortuna que estreno todos los años un vestido sin costura, de colores salpicado.
¿Qué es, qué es, del tamaño de una nuez, que sube la cuesta y no tiene pies?
Tiene famosa memoria, gran tamaño y dura piel, y la nariz más grandota que en el mundo pueda haber.
Tengo de rey la cabeza calzo espuela pavonada, llevo barba colorada, mi sueño temprano empieza y madrugo a la alborada.
Su padre relincha con pésima voz, su madre rebuzna y suelta una coz.
Topó mi padre en la iglesia con uno vestido de negro, ni era fraile, ni era cura, que era lo que dije primero.
Es la reina de los mares, su dentadura es muy buena, y por no ir nunca vacía, siempre dicen que va llena.
De celda en celda voy pero presa no estoy.
Llevo pijama a diario sin guardarlo en el armario.
