Atada a una cuerda
volaba y volaba
y un niño en la tierra
la sujetaba.
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Miras adelante, haces ejercicio, das a los pedales, tienes equilibrio.
Veintiocho caballeros ataviados de levita, que se ponen en la mesa a jugar una partida.
Soy pequeña y de cristal, méteme en el hoyo y no perderás.
Sobre un camino de hierro, muchas sorpresas tendrás, subo y bajo bruscamente, a mucha velocidad.
Me componen cuatro palos impresos en cartulina. Tengo reyes y caballos, seguro que me adivinas.
Cómete la «e» y pon una «a». Mírala muy bien y échala a volar.
Si sumas uno más uno evidente que da dos, y si da dos te descubro dos veces la solución de este juego de salón.
Cuando yo subo, tú bajas; si tú subes, bajo yo: a la misma altura nunca podemos estar los dos.
Bajo mi carpa gigante, acojo a chicos y grandes; payasos y trapecistas son típicos en mis pistas.
Cuanto más y más lo llenas, menos pesa y sube más.
