Como conoce la clave,
gira por su laberinto
y deja entrar al recinto.
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Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
Muchos golpes recibe cuando a la gente, la entrada prohíbe.
Durante el verano escondido, en el invierno encendido.
Un barbecho bien labrado, ni entra mula, ni entra arado.
Sube llena, baja vacía, y si no se da prisa, la sopa se enfría,
Todos me buscan, para descansar, si ya te lo he dicho, no lo pienses más.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
Tiene luna, no es planeta; tiene marco y no es puerta.
