Como conoce la clave,
gira por su laberinto
y deja entrar al recinto.
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Aunque al dormir me consultan, nunca suelo contestar.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Es venta y no se vende, es Ana, pero no es gente.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
Tiene luna, no es planeta; tiene marco y no es puerta.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Muchos golpes recibe cuando a la gente, la entrada prohíbe.
Caja llena de soldados, todos largos y delgados, con gorritos colorados.
