De frente miro al sol
sin que me ciegue,
más alto vuelo que ave alguna,
símbolo soy de imperios y reyes
y dos cabezas a veces me dibujan.
¿Quién soy?
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Larga y lisa, larga y lisa, llevo puesta una camisa, toda bordada, bordada, sin costura ni puntada.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Dos torres altas, dos miradores, un quitamoscas, cuatro andadores.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
Adivina, adivinanza ¿quién puso el huevo en la paja?
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Alto, altanero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada, espuelas de acero.
¿Cuál será aquel animal que rebuzna y no es borrico; en la cara, en el hocico y en el cuerpo es casi igual; que trabaja irracional, que lo que come merece, tiene de burro la cara, no es borrico y lo parece?
Donde nadie sube, trepo, donde nadie anda, trisco, muy poco estoy en el valle, pues lo mío son los riscos.
Te doy leche y mi lana, y para hablar digo: «beeeee», si no adivinas mi nombre yo nunca te lo diré.
