De frente miro al sol
sin que me ciegue,
más alto vuelo que ave alguna,
símbolo soy de imperios y reyes
y dos cabezas a veces me dibujan.
¿Quién soy?
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¿Quién hace su casa en la verde rama, y allí a sus hijos solicita y llama?
Dos torres altas, dos miradores, un quitamoscas, cuatro andadores.
Soy un animal patoso, y cuento con muchas patas; pero, en cambio, sólo tengo un pico y un par de alas.
Con la primavera, llega la viajera. Su nido es de barro y su cola, de tijera.
Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
Garra pero no mata, pata pero no de vaca.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Las cinco vocales en su nombre lleva, y no siendo ave por la noche vuela.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Soy un animal pequeño, piensa mi nombre un rato, porque agregando una «n» tendrás mi nombre en el acto.
