De frente miro al sol
sin que me ciegue,
más alto vuelo que ave alguna,
símbolo soy de imperios y reyes
y dos cabezas a veces me dibujan.
¿Quién soy?
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Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Mi nombre lo leo, mi apellido es pardo, quién no lo adivine, es un poco tardo.
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
Salta y salta por los montes, usa las patas de atrás, su nombre ya te lo he dicho, fíjate y lo verás.
Verde nace, verde se cría y verde sube los troncos arriba.
Nunca camina por tierra, ni vuela, ni sabe nadar, pero aún así siempre corre, sube y baja sin parar.
Lo rascaba llorando de la crin a la cola y en él se iba trotando por una loma.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
Alto, altanero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada, espuelas de acero.
Mientras ella cacarea, él va buscando pelea.
