De frente miro al sol
sin que me ciegue,
más alto vuelo que ave alguna,
símbolo soy de imperios y reyes
y dos cabezas a veces me dibujan.
¿Quién soy?
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Míralo del derecho y del revés, va y viene, viene y va. Si taba no es, ¿Qué será?
Cuando nada en los ríos parece un tronco flotante, pero si muestra sus dientes todos huyen al instante.
Cuantas manos le dio el mar a este extraño pasajero que lo quieren contratar para que juegue de arquero ¿quién es?
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Lo rascaba llorando de la crin a la cola y en él se iba trotando por una loma.
Adivina, adivinajera: no tiene traje y sí faltriquera.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Con su risa mañanera toda la playa alborota, pescadora y marinera.
Soy un animal pequeño, piensa mi nombre un rato, porque agregando una «n» tendrás mi nombre en el acto.
