De frente miro al sol
sin que me ciegue,
más alto vuelo que ave alguna,
símbolo soy de imperios y reyes
y dos cabezas a veces me dibujan.
¿Quién soy?
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Aunque no soy pajarillo canto sin ninguna pena y cuando en plural me usan represento la condena.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Envuelto en un cobertor, haga frío o calor.
Dos pinzas tengo, hacia atrás camino, de mar o de río en el agua vivo.
Es negro como un curita y no se cansa de hacer bolitas.
Míralo del derecho y del revés, va y viene, viene y va. Si taba no es, ¿Qué será?
En el campo me crié dando voces como loca; me ataron de pies y manos para quitarme la ropa.
Anido en las torres, largo cuello tengo y todos los años por San Blas vengo.
Soy dama cruel, temerosa, me paseo en verde prado, y todo aquel que me mira se queda muy espantado. Yo luzco un largo vestido que en tienda no fue comprado, no fue por mano de sastre, ni medido, ni cortado.
Tiene lamparitas de luz verde y cuando es de noche las enciende.
