De frente miro al sol
sin que me ciegue,
más alto vuelo que ave alguna,
símbolo soy de imperios y reyes
y dos cabezas a veces me dibujan.
¿Quién soy?
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Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
Por aquel camino va caminando quien no es gente; adivínelo el prudente que el nombre se quedó atrás.
Del fin del estanque vengo, para mirar a los niños, a los cuales entretengo, con saltos, juegos y brincos. ¿Quién soy?
Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.
Teje con maña, caza con saña.
Alas de muchos colores se pierden entre las flores.
Adivina, adivinajera: no tiene traje y sí faltriquera.
Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.
Es la reina de los mares, su dentadura es muy buena, y por no ir nunca vacía, siempre dicen que va llena.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
