De frente miro al sol
sin que me ciegue,
más alto vuelo que ave alguna,
símbolo soy de imperios y reyes
y dos cabezas a veces me dibujan.
¿Quién soy?
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Cuantas manos le dio el mar a este extraño pasajero que lo quieren contratar para que juegue de arquero ¿quién es?
Soy un animal pequeño, piensa mi nombre un rato, porque agregando una «n» tendrás mi nombre en el acto.
Volando en el aire, y besando las flores, se pasa su vida, de luz y colores.
Si te pregunto cómo se llama este gran bicho, ya te lo he dicho.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Cerca del polo, desnuda, sentada sobre una roca, suave, negra, bigotuda.
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
Sin salir de su casa por todos los sitios pasa.
Soy roja como un rubí y llevo pintitas negras, me encuentro en el jardín, en las plantas o en la hierba.
