De frente miro al sol
sin que me ciegue,
más alto vuelo que ave alguna,
símbolo soy de imperios y reyes
y dos cabezas a veces me dibujan.
¿Quién soy?
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Alas de muchos colores se pierden entre las flores.
Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
¿Quién hace en los troncos su oscura casita y allí esconde, avara, cuanto necesita?
Míralo del derecho y del revés, va y viene, viene y va. Si taba no es, ¿Qué será?
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
Larga y lisa, larga y lisa, llevo puesta una camisa, toda bordada, bordada, sin costura ni puntada.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
Dos torres altas, dos miradores, un quitamoscas, cuatro andadores.
Sobre la vaca, la «o», a que no lo aciertas, no.
