Detrás de la i
la encontrarás.
Mueve las piernas
y la bailarás.
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Una vez en un minuto, dos veces en un momento, tres veces en mimetismo, y en cuatro, ¡no la encuentro!.
Dos son tres, tres son cuatro y cuatro son seis. ¿Qué son?
Una cosa quisicosa, de ovalada construcción, todos los hombres la tienen, pero las mujeres, no. El Obispo como todos también tiene dos.
Mi sombrero es una ola, estoy en medio del año, nunca estoy en caracola y sí al final del castaño.
Formo parte de París, en el fin del mar me encuentro, en el principio de Roma y, del Norte, estoy en el centro.
Sin ser el padre de Adán, principio y fin del alma he sido. En medio del mar y al final de la tierra, se escucha mi sonido.
León la tiene delante, Motril la lleva detrás y, justo, justo en el medio verás que la tiene Blas.
Detrás de la i la encontrarás. Mueve las piernas y la bailarás.
Soy la redondez del Mundo, sin mí no puede haber Dios, Papas y Cardenales sí, pero Pontífices no.
Una letra pizpireta, de perdiz y cazoleta que se esconde en la maceta.
