El padre en el mar
y el hijo a rezar.
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Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
Sobre la vaca, la «o», a que no lo aciertas, no.
No pienses en otras cosas, que las tienes en el mar, o las ves llegar furiosas, o las ves mansas llegar.
Llegamos sin cesar, una tras otra, desde el mar a la playa a descansar. A veces, sin embargo, más furiosas, los barcos podemos destrozar.
Haciendo ruido ya vienen, haciendo ruido se van; y, cuando mañana vuelvan, de igual manera se irán.
El padre en el mar y el hijo a rezar.
Soy chiquitito, puedo nadar, vivo en los ríos y en alta mar.
Ni de día, ni de noche puede mi vela alumbrar, pero cuando sopla el viento muy bien suelo navegar.
En dos castañuelas voy encerrado y al sacarme del mar me pongo colorado
Soy pequeño y alargado, en dos conchas colocado, como no puedo nadar, me pego a las rocas del mar.
