Grandes patazas,
chicas manitas,
lindos colores
en mis alitas,
salto y no sé
dónde caeré.
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Las cinco vocales en su nombre lleva, y no siendo ave por la noche vuela.
Mamífero rumiante de cuello alargado, por el desierto, errante, siempre anda jorobado.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Mi casa llevo a cuestas, tras de mí dejo un sendero, soy lento de movimientos, no le gusto al jardinero.
Con la primavera, llega la viajera. Su nido es de barro y su cola, de tijera.
¿Quién allá en lo alto en las ramas mora y allí esconde, avara, todo lo que roba?
De frente miro al sol sin que me ciegue, más alto vuelo que ave alguna, símbolo soy de imperios y reyes y dos cabezas a veces me dibujan. ¿Quién soy?
Es un mamífero que vuela por la noche cuando salen los mosquitos ¿que es?
Soy dama cruel, temerosa, me paseo en verde prado, y todo aquel que me mira se queda muy espantado. Yo luzco un largo vestido que en tienda no fue comprado, no fue por mano de sastre, ni medido, ni cortado.
En el campo me crié dando voces como loca; me ataron de pies y manos para quitarme la ropa.
