Grandes patazas,
chicas manitas,
lindos colores
en mis alitas,
salto y no sé
dónde caeré.
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Sobre la vaca, la «o», a que no lo aciertas, no.
En el estanque me admiran, por mi elegancia y belleza tengo cuello largo y fino y muy bonita cabeza.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
Cuantas manos le dio el mar a este extraño pasajero que lo quieren contratar para que juegue de arquero ¿quién es?
De tierra morena vengo, estirando y encogiendo, amárrenme las gallinas, que a los perros no les temo.
Alto, altanero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada, espuelas de acero.
Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
Donde nadie sube, trepo, donde nadie anda, trisco, muy poco estoy en el valle, pues lo mío son los riscos.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
