Grandes patazas,
chicas manitas,
lindos colores
en mis alitas,
salto y no sé
dónde caeré.
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El roer es mi trabajo, el queso mi aperitivo y el gato ha sido siempre mi más temido enemigo.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
¿Quién es este que se arrima trayendo su casa encima?
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
Soy un animal pequeño, piensa mi nombre un rato, porque agregando una «n» tendrás mi nombre en el acto.
En alto vive, en alto mora, en alto teje, la tejedora.
Su padre relincha con pésima voz, su madre rebuzna y suelta una coz.
Nadie admira tu cantar, ni tus patas, ni tu pico, ya que todos quedan prendados de tu abanico.
Cuantas manos le dio el mar a este extraño pasajero que lo quieren contratar para que juegue de arquero ¿quién es?
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
