Grandes patazas,
chicas manitas,
lindos colores
en mis alitas,
salto y no sé
dónde caeré.
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Por más que se suena el moco le cuelga.
Nace en la dehesa y come en tu mesa.
En el campo me crié dando voces como loca; me ataron de pies y manos para quitarme la ropa.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
¿Quién es este que se arrima trayendo su casa encima?
Míralo del derecho y del revés, va y viene, viene y va. Si taba no es, ¿Qué será?
En el estanque me admiran, por mi elegancia y belleza tengo cuello largo y fino y muy bonita cabeza.
Cerca del polo, desnuda, sentada sobre una roca, suave, negra, bigotuda.
Voy con mi casa al hombro, camino sin tener patas, y voy marcando mi huella con un hilito de plata.
Orejas largas, rabo cortito; corro y salto muy ligerito.
