La jaula es su casa,
su ropaje amarillo,
con su canto alegra
a todos los vecinos.
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Nunca camina por tierra, ni vuela, ni sabe nadar, pero aún así siempre corre, sube y baja sin parar.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
Llevo pijama a diario sin guardarlo en el armario.
El roer es mi trabajo, el queso mi aperitivo y el gato ha sido siempre mi más temido enemigo.
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
Tiene lamparitas de luz verde y cuando es de noche las enciende.
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
Nace en la dehesa y come en tu mesa.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Garra pero no mata, pata pero no de vaca.
