La jaula es su casa,
su ropaje amarillo,
con su canto alegra
a todos los vecinos.
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Iba una vaca de lado, luego resultó pescado.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
Canta cuando amanece y vuelve a cantar cuando el día desaparece.
Aunque no soy florista trabajo con flores y por más que me resista el hombre arrebata el fruto de mis labores.
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
Mi casa llevo a cuestas, tras de mí dejo un sendero, soy lento de movimientos, no le gusto al jardinero.
Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
