La jaula es su casa,
su ropaje amarillo,
con su canto alegra
a todos los vecinos.
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Mientras ella cacarea, él va buscando pelea.
Anda, nada, vuela, no gasta zapato, va dejando estela.
Aunque no soy florista trabajo con flores y por más que me resista el hombre arrebata el fruto de mis labores.
Grandes patazas, chicas manitas, lindos colores en mis alitas, salto y no sé dónde caeré.
Iba una vaca de lado, luego resultó pescado.
De un huevo sale, y para enviar mensajes vale.
Por más que se suena el moco le cuelga.
Por aquel camino va caminando quien no es gente; adivínelo el prudente que el nombre se quedó atrás.
Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.
Te doy leche y mi lana, y para hablar digo: «beeeee», si no adivinas mi nombre yo nunca te lo diré.
