La jaula es su casa,
su ropaje amarillo,
con su canto alegra
a todos los vecinos.
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Soy roja como un rubí y llevo pintitas negras, me encuentro en el jardín, en las plantas o en la hierba.
Aunque no soy pajarillo canto sin ninguna pena y cuando en plural me usan represento la condena.
Canta cuando amanece y vuelve a cantar cuando el día desaparece.
Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
Garra pero no mata, pata pero no de vaca.
Tiene ojos de gato y no es gato, orejas de gato y no es gato; patas de gato y no es gato; rabo de gato y no es gato, maúlla y no es gato.
Nadie admira tu cantar, ni tus patas, ni tu pico, ya que todos quedan prendados de tu abanico.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Tengo alas y pico y hablo y hablo sin saber lo que digo.
