La jaula es su casa,
su ropaje amarillo,
con su canto alegra
a todos los vecinos.
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Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
Adivina adivinador, por las mañanas soy un gran cantor.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Cuantas manos le dio el mar a este extraño pasajero que lo quieren contratar para que juegue de arquero ¿quién es?
De tierra morena vengo, estirando y encogiendo, amárrenme las gallinas, que a los perros no les temo.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
Por más que se suena el moco le cuelga.
Es que el pobre ve tan poco que tampoco mira ya, topa que topa que topa, con la topa lo hallarás.
Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
¿Quién allá en lo alto en las ramas mora y allí esconde, avara, todo lo que roba?
