La jaula es su casa,
su ropaje amarillo,
con su canto alegra
a todos los vecinos.
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María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Tiene famosa memoria, gran tamaño y dura piel, y la nariz más grandota que en el mundo pueda haber.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
Adivina quien soy yo. Que al ir parece que vengo, y al venir es que me voy.
Alas de muchos colores se pierden entre las flores.
Iba una vaca de lado, luego resultó pescado.
Volando en el aire, y besando las flores, se pasa su vida, de luz y colores.
Por aquel camino va caminando quien no es gente; adivínelo el prudente que el nombre se quedó atrás.
En el estanque me admiran, por mi elegancia y belleza tengo cuello largo y fino y muy bonita cabeza.
Viste de chaleco blanco, y también de negro frac, es un ave que no vuela, pero nada. ¿Que será?
