No es cama, ni es león
y desaparece en cualquier rincón
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¿Qué es, qué es, del tamaño de una nuez, que sube la cuesta y no tiene pies?
Cerca del polo, desnuda, sentada sobre una roca, suave, negra, bigotuda.
Un solo portero, un solo inquilino, tu casa redonda la llevas contigo.
En el campo me crié dando voces como loca; me ataron de pies y manos para quitarme la ropa.
Con la primavera, llega la viajera. Su nido es de barro y su cola, de tijera.
¿Qué animal de buen olfato, cazador dentro de casa, rincón por rincón repasa y lame, si pilla, un plato?
Me roban mi vestidura porque la fuerza es su ley y visten con mis despojos desde el esclavo hasta el rey.
Adivina quien soy yo. Que al ir parece que vengo, y al venir es que me voy.
Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
Volando en el aire, y besando las flores, se pasa su vida, de luz y colores.
