Si la tienes
tú la buscas,
si no la tienes,
ni la buscas,
ni la quieres.
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Desde hace miles de años hemos transportado al hombre; ahora nos lleva escondidos en el motor de su coche.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Lo mismo que un galgo valgo, su retrato soy y amigo, y si por el campo salgo, las liebres mucho persigo, y es cierto que no soy galgo.
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
Orejas largas, rabo cortito; corro y salto muy ligerito.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Aunque no soy florista trabajo con flores y por más que me resista el hombre arrebata el fruto de mis labores.
De cierto animal di el nombre: es quien vigila la casa, quien avisa si alguien pasa y es fiel amigo del hombre.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
