Siempre de mí dicen algo,
aunque muy humilde soy;
no soy señor y me tratan,
con la nobleza del don.
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Dama da, dama deja, y no se queja de lo que deja.
Soy alta y delgada, tengo un ojo, hago vestidos y no me los pongo.
Cuando pasa ¡cómo pisa!, deja rasa la camisa.
De mi ojo cuelga un hilo largo, que une las telas y hace las prendas.
Locomotora no soy, mas cuando con vapor voy, dejo muy alisado si me usan con cuidado.
Tan largo como un camino, proviene de vegetal, y a pesar de su extensión, en un cesto puede estar.
Primero ciega, luego pincha y todo une mientras camina.
¿Quién es esa señora, que tiene la propiedad, de estirar bien lo arrugado y de arrugar lo estirado, con igual facilidad?
Una cosa que no es cosa y lo es.
Vengo al mundo a trabajar, y tengo tan mala suerte, que todos me pinchan el culo, y yo no me puedo quejar.
