Siempre de mí dicen algo,
aunque muy humilde soy;
no soy señor y me tratan,
con la nobleza del don.
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Verde fue mi nacimiento y amarillo fue mi abril; tuve que ponerme blanco para poderte servir.
Cuando me caliento hasta los talones aliso camisas y pantalones.
Una señora, muy aseñorada, tiene muchos dientes y se cose a puntadas.
Una cosa que no es cosa y lo es.
Seguro que en tu casa está si no lo sabes no importa. Pero ¿qué cosa será que cuanto más larga más corta?
De mi ojo cuelga un hilo largo, que une las telas y hace las prendas.
Pico sin tener enojos y, sin nacer, soy de corte, pero muchos, con arrojos, los dedos, viendo mi porte, me los meten por los ojos.
Pequeños, redondos, con agujeritos, valemos muy poco, solos o juntitos, mas de nosotros depende el buen vestir de la gente.
¿Quién es esa señora, que tiene la propiedad, de estirar bien lo arrugado y de arrugar lo estirado, con igual facilidad?
Soy alta y delgada, tengo un ojo, hago vestidos y no me los pongo.
