Soy señor muy elegante
y excelente nadador,
y puedo hacer con mi cuello
signos de interrogación.
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¿Quién hace en los troncos su oscura casita y allí esconde, avara, cuanto necesita?
Cargadas van, cargadas vienen y en el camino no se detienen.
Tengo de rey la cabeza calzo espuela pavonada, llevo barba colorada, mi sueño temprano empieza y madrugo a la alborada.
Tiene famosa memoria, gran tamaño y dura piel, y la nariz más grandota que en el mundo pueda haber.
Detras de mi corre el perro, voy detras de los ratones, me gusta comer pescado y acostarme en los sillones. ¿Quién soy?
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Es tan grande mi fortuna que estreno todos los años un vestido sin costura, de colores salpicado.
De tierra morena vengo, estirando y encogiendo, amárrenme las gallinas, que a los perros no les temo.
Con la primavera, llega la viajera. Su nido es de barro y su cola, de tijera.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
