Soy señor muy elegante
y excelente nadador,
y puedo hacer con mi cuello
signos de interrogación.
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Orejas largas, rabo cortito; corro y salto muy ligerito.
Mientras ella cacarea, él va buscando pelea.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
Verde como el campo, campo no es, habla como el hombre, hombre no es.
¿Quién hace en los troncos su oscura casita y allí esconde, avara, cuanto necesita?
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
Soy pequeño y alargado, en dos conchas colocado, como no puedo nadar, me pego a las rocas del mar.
