Soy un árbol frondoso
que da buen fruto
pero cuando oyen mi nombre
dicen que hurto.
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Dime tú que cosa maja. Cuanto más crece más baja.
Verde me crié, negro me volví, ahora me visten de blanco, para poderme vender.
Giro mi cuerpo ante el sol, por ser mi dueño y señor.
Está en el edificio, también en la maceta, la llevas en el pie, la coges en la huerta.
Los dátiles son mi fruto y palmas doy a lo bruto.
En la tierra te sembraron, las aves te desearon, cuando estuviste dorado los hombres te segaron.
Siempre mirando al sol y no soy un caracol. Giro y giro sin fin y no soy un bailarín.
Aunque es madre nunca ha parido, aunque es selva nunca dio abrigo; nace y no sabe andar pero enseguida se pone a trepar.
Alta como un pino, verde como un lino, con las hojas anchas y el fruto amarillo.
Mi nombre es de peregrino y tengo virtud notable, me encuentras en los caminos y mi olor es agradable.
