Su padre relincha
con pésima voz,
su madre rebuzna
y suelta una coz.
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Adivina adivinador, por las mañanas soy un gran cantor.
Desde hace miles de años hemos transportado al hombre; ahora nos lleva escondidos en el motor de su coche.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Orejas largas, rabo cortito; corro y salto muy ligerito.
Volando en el aire, y besando las flores, se pasa su vida, de luz y colores.
Chao, chao, rabito «alzao».
Vive en el desierto, mata a las personas, debajo de las piedras, muy bien se acomoda.
Verde nace, verde se cría y verde sube los troncos arriba.
Garra pero no mata, pata pero no de vaca.
Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.
