Verde como el campo,
campo no es,
habla como el hombre,
hombre no es.
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Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
Es tan grande mi fortuna que estreno todos los años un vestido sin costura, de colores salpicado.
De colores muy galano, soy bruto y no lo parezco, perpetua prisión padezco, uso del lenguaje humano, si bien de razón carezco.
Sobre la vaca, la «o», a que no lo aciertas, no.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Nunca camina por tierra, ni vuela, ni sabe nadar, pero aún así siempre corre, sube y baja sin parar.
Con la primavera, llega la viajera. Su nido es de barro y su cola, de tijera.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Adivina, adivinajera: no tiene traje y sí faltriquera.
