Volando en el aire,
y besando las flores,
se pasa su vida,
de luz y colores.
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Lo mismo que un galgo valgo, su retrato soy y amigo, y si por el campo salgo, las liebres mucho persigo, y es cierto que no soy galgo.
Este es un animal, de tal modo original, que al ponerse cara arriba, ya no se llama igual.
Mi nombre lo leo, mi apellido es pardo, quién no lo adivine, es un poco tardo.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Adivina quien soy yo. Que al ir parece que vengo, y al venir es que me voy.
¿Cuál es el animal que siempre llega al final?
Chao, chao, rabito «alzao».
Animal soy, desde luego; me llaman el jorobado, y que tengo cuatro patas, ya se da por descontado.
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.
