Ciudadano muy mirado,
moderno camaleón,
subido en tu árbol,
cambias de color.
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Ciudadano muy mirado, moderno camaleón, subido en tu árbol, cambias de color.
Lugar de compra, lugar de venta, donde cada ama de casa hace su cuenta.
Mido telas y estaturas, pero, a veces, en ciudades, sin humos y sin candelas, llevo gente en cantidades.
Por caminitos de hierro, el gusano de metal, en su barriga transporta la gente por la ciudad, llevándola por un túnel en completa oscuridad.
El que la tenga que la atienda y si no lo mejor es que la venda.
Alta y delgada, cabeza brillante, ilumina de noche a los caminantes.
Un bulto veo venir, sus pasos no hay quien los cuente, y, cuando se acerca a mí, meto mi cuerpo en su vientre.
Todos me pisan a mí, pero yo no piso a nadie; todos preguntan por mí, yo no pregunto por nadie.
Con sólo tres colores ordeno a cada uno. Si todos me respetan no habrá accidente alguno.
Vivo entre dos muros que no pueden verse y aunque no me doblo me dobla la gente.
