Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Nunca pongo mala cara, aunque siempre me dan col, acierta bobalicón.
Vive en el desierto, mata a las personas, debajo de las piedras, muy bien se acomoda.
Voy con mi casa al hombro, camino sin tener patas, y voy marcando mi huella con un hilito de plata.
Es la reina de los mares, su dentadura es muy buena, y por no ir nunca vacía, siempre dicen que va llena.
Garra pero no mata, pata pero no de vaca.
Tiene las orejas largas, tiene la cola pequeña, en los corrales se cría y en el monte tiene cuevas.
Míralo del derecho y del revés, va y viene, viene y va. Si taba no es, ¿Qué será?
Chao, chao, rabito «alzao».
Es que el pobre ve tan poco que tampoco mira ya, topa que topa que topa, con la topa lo hallarás.
Anda, nada, vuela, no gasta zapato, va dejando estela.
