Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Nadie admira tu cantar, ni tus patas, ni tu pico, ya que todos quedan prendados de tu abanico.
Soy roja como un rubí y llevo pintitas negras, me encuentro en el jardín, en las plantas o en la hierba.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
Salta y salta, y la colita le falta.
Sal al campo por las noches, si me quieres conocer, soy señor de grandes ojos, cara seria y gran saber.
Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.
Viste de chaleco blanco, y también de negro frac, es un ave que no vuela, pero nada. ¿Que será?
Canto en la orilla, vivo en el agua, no soy pescado, ni soy cigarra.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
