Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Buscando bambú por la China anda, aunque está muy solo, siempre va en panda.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
Mil damas en un camino sin polvo ni remolino.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
Chao, chao, rabito «alzao».
Tengo alas y pico y hablo y hablo sin saber lo que digo.
Es la reina de los mares, su dentadura es muy buena, y por no ir nunca vacía, siempre dicen que va llena.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Por aquel camino va caminando quien no es gente; adivínelo el prudente que el nombre se quedó atrás.
Zumba que te zumba, van y vienen sin descanso, de flor en flor trajinando y nuestra vida endulzando.
