Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Alas de muchos colores se pierden entre las flores.
Sal al campo por las noches, si me quieres conocer, soy señor de grandes ojos, cara seria y gran saber.
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
¿Qué animal de buen olfato, cazador dentro de casa, rincón por rincón repasa y lame, si pilla, un plato?
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Nadie admira tu cantar, ni tus patas, ni tu pico, ya que todos quedan prendados de tu abanico.
Soy un turco pues sustento las mujeres que me dan, con quien hago de galán; repártoles el sustento, de celos padezco afán. Roja diadema me adorna, el traje Dios me lo dio, y aunque carezco de dientes tengo fama de cantor.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
Este es un animal, de tal modo original, que al ponerse cara arriba, ya no se llama igual.
Aunque yo llevo pijama, siempre ando muy despierta, por no servir al león de suculenta merienda.
