Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Salta y salta por los montes, usa las patas de atrás, su nombre ya te lo he dicho, fíjate y lo verás.
Teje con maña, caza con saña.
Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.
Sin salir de su casa por todos los sitios pasa.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
Si te pregunto cómo se llama este gran bicho, ya te lo he dicho.
Soy amiga de la luna, soy enemiga del sol; si viene la luz del día, alzo mi luz y me voy.
Aunque yo llevo pijama, siempre ando muy despierta, por no servir al león de suculenta merienda.
