Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Anda, nada, vuela, no gasta zapato, va dejando estela.
Viste de chaleco blanco, y también de negro frac, es un ave que no vuela, pero nada. ¿Que será?
Salta y salta por los montes, usa las patas de atrás, su nombre ya te lo he dicho, fíjate y lo verás.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
Te doy leche y mi lana, y para hablar digo: «beeeee», si no adivinas mi nombre yo nunca te lo diré.
En alto vive, en alto vuela, en alto toca las castañuelas.
Su padre relincha con pésima voz, su madre rebuzna y suelta una coz.
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
Aunque no soy pajarillo canto sin ninguna pena y cuando en plural me usan represento la condena.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
