Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Con su risa mañanera toda la playa alborota, pescadora y marinera.
En alto vive, en alto mora, en alto teje, la tejedora.
Nace en la dehesa y come en tu mesa.
Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.
Por aquel camino va caminando quien no es gente; adivínelo el prudente que el nombre se quedó atrás.
Larga y lisa, larga y lisa, llevo puesta una camisa, toda bordada, bordada, sin costura ni puntada.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
Zumba que te zumba, van y vienen sin descanso, de flor en flor trajinando y nuestra vida endulzando.
De frente miro al sol sin que me ciegue, más alto vuelo que ave alguna, símbolo soy de imperios y reyes y dos cabezas a veces me dibujan. ¿Quién soy?
