Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Aunque yo llevo pijama, siempre ando muy despierta, por no servir al león de suculenta merienda.
Dos torres altas, dos miradores, un quitamoscas, cuatro andadores.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Duro por arriba, duro por abajo, cara de serpiente y patas de palo.
Quien es este que se arrima trayendo su casa arriba
El roer es mi trabajo, el queso mi aperitivo y el gato ha sido siempre mi más temido enemigo.
Donde nadie sube, trepo, donde nadie anda, trisco, muy poco estoy en el valle, pues lo mío son los riscos.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Iba una vaca de lado, luego resultó pescado.
