Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Del fin del estanque vengo, para mirar a los niños, a los cuales entretengo, con saltos, juegos y brincos. ¿Quién soy?
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
Sobre la vaca, la «o», a que no lo aciertas, no.
Duro por arriba, duro por abajo, cara de serpiente y patas de palo.
Es negro como un curita y no se cansa de hacer bolitas.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
Soy dama cruel, temerosa, me paseo en verde prado, y todo aquel que me mira se queda muy espantado. Yo luzco un largo vestido que en tienda no fue comprado, no fue por mano de sastre, ni medido, ni cortado.
Volando en el aire, y besando las flores, se pasa su vida, de luz y colores.
Cargadas van, cargadas vienen y en el camino no se detienen.
