Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Un bichito verde sobre la pared, corre que te corre, busca qué comer.
Mi casa llevo a cuestas, tras de mí dejo un sendero, soy lento de movimientos, no le gusto al jardinero.
Cerca del polo, desnuda, sentada sobre una roca, suave, negra, bigotuda.
Chiquitín y danzarín, pasa las noches rondando con lanza y con cornetín.
Adivina, adivinajera: no tiene traje y sí faltriquera.
Vive en el desierto, mata a las personas, debajo de las piedras, muy bien se acomoda.
Tiene ojos de gato y no es gato, orejas de gato y no es gato; patas de gato y no es gato; rabo de gato y no es gato, maúlla y no es gato.
Soy señor muy elegante y excelente nadador, y puedo hacer con mi cuello signos de interrogación.
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
