Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Avión minúsculo, picando en barrena sobre nuestro músculo.
Me roban mi vestidura porque la fuerza es su ley y visten con mis despojos desde el esclavo hasta el rey.
Vivo en el mar sin ser pez, y soy siempre juguetón, nunca me baño en el Rhin, pues soy el mismo del fin.
Anido en las torres, largo cuello tengo y todos los años por San Blas vengo.
Soy pequeño y alargado, en dos conchas colocado, como no puedo nadar, me pego a las rocas del mar.
Adivina, adivinajera: no tiene traje y sí faltriquera.
Soy sabia y no tuve escuela para mí no hubo doctrina soy maestra de cocina y cocino sin candela.
Va caminando por un caminito, no tiene alas y va despacito.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Nunca pongo mala cara, aunque siempre me dan col, acierta bobalicón.
