Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Grandes patazas, chicas manitas, lindos colores en mis alitas, salto y no sé dónde caeré.
Salta y salta, y la colita le falta.
Su padre relincha con pésima voz, su madre rebuzna y suelta una coz.
El roer es mi trabajo, el queso mi aperitivo y el gato ha sido siempre mi más temido enemigo.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
Sin salir de su casa por todos los sitios pasa.
Soy roja como un rubí y llevo pintitas negras, me encuentro en el jardín, en las plantas o en la hierba.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
Avión minúsculo, picando en barrena sobre nuestro músculo.
No es león y tiene garra, no es pato y tiene pata.
