Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Adivina, adivinanza Vuela entre las flores con sus alas de colores
En dos castañuelas voy encerrado y al sacarme del mar me pongo colorado.
Soy dama cruel, temerosa, me paseo en verde prado, y todo aquel que me mira se queda muy espantado. Yo luzco un largo vestido que en tienda no fue comprado, no fue por mano de sastre, ni medido, ni cortado.
En alto vive, en alto vuela, en alto toca las castañuelas.
Nace en la dehesa y come en tu mesa.
Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.
De colores muy galano, soy bruto y no lo parezco, perpetua prisión padezco, uso del lenguaje humano, si bien de razón carezco.
Es que el pobre ve tan poco que tampoco mira ya, topa que topa que topa, con la topa lo hallarás.
Dos pinzas tengo, hacia atrás camino, de mar o de río en el agua vivo.
