Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Aunque no soy pajarillo canto sin ninguna pena y cuando en plural me usan represento la condena.
Lenta dicen que es porque sólo asoma la cabeza, las patas y los pies.
Con su risa mañanera toda la playa alborota, pescadora y marinera.
De celda en celda voy pero presa no estoy.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
Cuando nada en los ríos parece un tronco flotante, pero si muestra sus dientes todos huyen al instante.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
No es cama, ni es león y desaparece en cualquier rincón
