Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
Su padre relincha con pésima voz, su madre rebuzna y suelta una coz.
Soy chiquitito, puedo nadar, vivo en los ríos y en alta mar.
Mientras ella cacarea, él va buscando pelea.
Soy un turco pues sustento las mujeres que me dan, con quien hago de galán; repártoles el sustento, de celos padezco afán. Roja diadema me adorna, el traje Dios me lo dio, y aunque carezco de dientes tengo fama de cantor.
¿Quién allá en lo alto en las ramas mora y allí esconde, avara, todo lo que roba?
Aunque yo llevo pijama, siempre ando muy despierta, por no servir al león de suculenta merienda.
Piensa poco y salta mucho, dime su nombre que no te escucho.
Cerca del polo, desnuda, sentada sobre una roca, suave, negra, bigotuda.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
