Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Nadie admira tu cantar, ni tus patas, ni tu pico, ya que todos quedan prendados de tu abanico.
Cuantas manos le dio el mar a este extraño pasajero que lo quieren contratar para que juegue de arquero ¿quién es?
¿Quién hace su casa en la verde rama, y allí a sus hijos solicita y llama?
¿Quién allá en lo alto en las ramas mora y allí esconde, avara, todo lo que roba?
Nunca pongo mala cara, aunque siempre me dan col, acierta bobalicón.
Topó mi padre en la iglesia con uno vestido de negro, ni era fraile, ni era cura, que era lo que dije primero.
Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
Tiene ojos de gato y no es gato, orejas de gato y no es gato; patas de gato y no es gato; rabo de gato y no es gato, maúlla y no es gato.
Verde nace, verde se cría y verde sube los troncos arriba.
Salta y salta, y la colita le falta.
