Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Alas de muchos colores se pierden entre las flores.
Lo mismo que un galgo valgo, su retrato soy y amigo, y si por el campo salgo, las liebres mucho persigo, y es cierto que no soy galgo.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
Soy chiquitito, puedo nadar, vivo en los ríos y en alta mar.
Alto, altanero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada, espuelas de acero.
En un monte muy espeso anda un animal sin hueso.
Adivina, adivinajera: no tiene traje y sí faltriquera.
De tierra morena vengo, estirando y encogiendo, amárrenme las gallinas, que a los perros no les temo.
Una pata con dos pies, ¿es cosa que puede ser?
Soy señor muy elegante y excelente nadador, y puedo hacer con mi cuello signos de interrogación.
