Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Cuando nada en los ríos parece un tronco flotante, pero si muestra sus dientes todos huyen al instante.
Nunca pongo mala cara, aunque siempre me dan col, acierta bobalicón.
Un bichito verde sobre la pared, corre que te corre, busca qué comer.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
Alto, altanero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada, espuelas de acero.
Tiene lamparitas de luz verde y cuando es de noche las enciende.
Tiene ojos de gato y no es gato, orejas de gato y no es gato; patas de gato y no es gato; rabo de gato y no es gato, maúlla y no es gato.
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
Soy pequeño y alargado, en dos conchas colocado, como no puedo nadar, me pego a las rocas del mar.
Lo mismo que un galgo valgo, su retrato soy y amigo, y si por el campo salgo, las liebres mucho persigo, y es cierto que no soy galgo.
