Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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Tiene lamparitas de luz verde y cuando es de noche las enciende.
Soy chiquitito, puedo nadar, vivo en los ríos y en alta mar.
Anido en las torres, largo cuello tengo y todos los años por San Blas vengo.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
En alto vive, en alto mora, en alto teje, la tejedora.
Verde como el campo, campo no es, habla como el hombre, hombre no es.
Orejas largas, rabo cortito; corro y salto muy ligerito.
Garra pero no mata, pata pero no de vaca.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
Un solo portero, un solo inquilino, tu casa redonda la llevas contigo.
