Con su trompa preparada
pasa a tu lado zumbando,
se posa en tu piel desnuda
y tu sangre va chupando.
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Si te pregunto cómo se llama este gran bicho, ya te lo he dicho.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Adivina quien soy yo. Que al ir parece que vengo, y al venir es que me voy.
Canto en la orilla, vivo en el agua, no soy pescado, ni soy cigarra.
Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
Sal al campo por las noches, si me quieres conocer, soy señor de grandes ojos, cara seria y gran saber.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
¿Quién es este que se arrima trayendo su casa encima?
Chao, chao, rabito «alzao».
Por aquel camino va caminando quien no es gente; adivínelo el prudente que el nombre se quedó atrás.
