adivinanzas para niños

Cuando me caliento hasta los talones
aliso camisas y pantalones.

 

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Y lo es, y lo es y no me lo adivinas en un mes.

Una señora, muy aseñorada, tiene muchos dientes y se cose a puntadas.

Primero ciega, luego pincha y todo une mientras camina.

Pequeños, redondos, con agujeritos, valemos muy poco, solos o juntitos, mas de nosotros depende el buen vestir de la gente.

Un pie grave, ardiente y plano, va dejando el campo llano y, al pasar, su calentura va dejando en la llanura.

Largo, largo, como un camino y cabe en un «pucherino».

Pico sin tener enojos y, sin nacer, soy de corte, pero muchos, con arrojos, los dedos, viendo mi porte, me los meten por los ojos.

Te la digo, te la digo, te la vuelvo a repetir; te la digo veinte veces y no me la sabes decir.

Verde fue mi nacimiento y amarillo fue mi abril; tuve que ponerme blanco para poderte servir.

Si bien empiezo con bo, no soy bota ni botijo, ¡bobo, tonto!, ¡qué lo he dicho!