Cuando me caliento hasta los talones
aliso camisas y pantalones.
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Vengo al mundo a trabajar, y tengo tan mala suerte, que todos me pinchan el culo, y yo no me puedo quejar.
Una señora, muy aseñorada, tiene muchos dientes y se cose a puntadas.
Una cosa que no es cosa y lo es.
Largo, largo, como un camino y cabe en un «pucherino».
Pica, picando, colita arrastrando.
¿Quién es esa señora, que tiene la propiedad, de estirar bien lo arrugado y de arrugar lo estirado, con igual facilidad?
Cuando me caliento hasta los talones aliso camisas y pantalones.
Un pie grave, ardiente y plano, va dejando el campo llano y, al pasar, su calentura va dejando en la llanura.
Soy pequeña y afilada y pincho con mis puntadas.
Te la digo, te la digo, te la vuelvo a repetir; te la digo veinte veces y no me la sabes decir.
