adivinanzas para niños

Cuando me caliento hasta los talones
aliso camisas y pantalones.

 

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Un pie grave, ardiente y plano, va dejando el campo llano y, al pasar, su calentura va dejando en la llanura.

Primero ciega, luego pincha y todo une mientras camina.

Te la digo, te la digo, te la vuelvo a repetir; te la digo veinte veces y no me la sabes decir.

Con «A» empieza mi nombre, de las damas soy querido, si me prenden voy seguro, y, si me sueltan, perdido.

Don dedín tiene un sombrero para no hacerse agujeros.

De mi ojo cuelga un hilo largo, que une las telas y hace las prendas.

Vengo al mundo a trabajar, y tengo tan mala suerte, que todos me pinchan el culo, y yo no me puedo quejar.

¿Quién es esa señora, que tiene la propiedad, de estirar bien lo arrugado y de arrugar lo estirado, con igual facilidad?

Si bien empiezo con bo, no soy bota ni botijo, ¡bobo, tonto!, ¡qué lo he dicho!

Dama da, dama deja, y no se queja de lo que deja.