Cuando me caliento hasta los talones
aliso camisas y pantalones.
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Pico sin tener enojos y, sin nacer, soy de corte, pero muchos, con arrojos, los dedos, viendo mi porte, me los meten por los ojos.
Cuando me caliento hasta los talones aliso camisas y pantalones.
De mi ojo cuelga un hilo largo, que une las telas y hace las prendas.
Un pie grave, ardiente y plano, va dejando el campo llano y, al pasar, su calentura va dejando en la llanura.
¿Quién es esa señora, que tiene la propiedad, de estirar bien lo arrugado y de arrugar lo estirado, con igual facilidad?
Don dedín tiene un sombrero para no hacerse agujeros.
Tan largo como un camino, proviene de vegetal, y a pesar de su extensión, en un cesto puede estar.
Dama da, dama deja, y no se queja de lo que deja.
Cuando pasa ¡cómo pisa!, deja rasa la camisa.
Pequeños, redondos, con agujeritos, valemos muy poco, solos o juntitos, mas de nosotros depende el buen vestir de la gente.
