Cuantas manos le dio el mar
a este extraño pasajero
que lo quieren contratar
para que juegue de arquero
¿quién es?
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En el estanque me admiran, por mi elegancia y belleza tengo cuello largo y fino y muy bonita cabeza.
Sobre la vaca, la «o», a que no lo aciertas, no.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Adivina quien soy yo. Que al ir parece que vengo, y al venir es que me voy.
Anido en las torres, largo cuello tengo y todos los años por San Blas vengo.
Topó mi padre en la iglesia con uno vestido de negro, ni era fraile, ni era cura, que era lo que dije primero.
Salta y salta, y la colita le falta.
Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Mamífero rumiante de cuello alargado, por el desierto, errante, siempre anda jorobado.
