De colores verderones,
ojos grandes y saltones,
tenemos las patas de atrás
muy largas para saltar.
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Sin salir de su casa por todos los sitios pasa.
Aunque no soy pajarillo canto sin ninguna pena y cuando en plural me usan represento la condena.
Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.
Anda, nada, vuela, no gasta zapato, va dejando estela.
Adivina, adivinajera: no tiene traje y sí faltriquera.
Chiquitín y danzarín, pasa las noches rondando con lanza y con cornetín.
Canto en la orilla, vivo en el agua, no soy pescado, ni soy cigarra.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Tengo de rey la cabeza calzo espuela pavonada, llevo barba colorada, mi sueño temprano empieza y madrugo a la alborada.
Cuando nada en los ríos parece un tronco flotante, pero si muestra sus dientes todos huyen al instante.
