De nada me sirven,
estas cuatro patas,
que quieta estoy siempre,
sobre mí, el durmiente.
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En lo más alto me ponen para que el viento me dé, soy guía para los hombres y siempre estoy de pié.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
Ruedo y ruedo, y en los bolsillos me quedo.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Los tejados protejo y buenas canales dejo.
¿Que le pones a una caja que la hace más ligera?
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
Me compran para dormir y me encanta sacudir. ¿Qué soy?
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
