De nada me sirven,
estas cuatro patas,
que quieta estoy siempre,
sobre mí, el durmiente.
más adivinanzas de cosas de la casa...
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Es venta y no se vende, es Ana, pero no es gente.
Aunque no hable, lo cuenta todo por cable.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
En un cuarto me arrinconan sin acordarse de mí, pero pronto van a buscarme cuando tienen que subir.
Cuando te veo me ves, cuando me ves te veo, y no te parezco feo.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
Todos me buscan, para descansar, si ya te lo he dicho, no lo pienses más.
