De nada me sirven,
estas cuatro patas,
que quieta estoy siempre,
sobre mí, el durmiente.
más adivinanzas de cosas de la casa...
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
De mi madre nací yo, sin fundamento de padre, y luego me he muerto yo y de mi nació mi madre.
Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
A la entrada de tu casa algo suena si lo aprietan y tu sales presurosa a abrir deprisa la puerta.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
