De nada me sirven,
estas cuatro patas,
que quieta estoy siempre,
sobre mí, el durmiente.
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Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Adivíname ésa.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Lo usa el tendero para comer, lo lleva entero si sabes leer.
Sube llena, baja vacía, y si no se da prisa, la sopa se enfría,
En el buen tiempo a nadie marea, en cuanto llueve repiquetea.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
De mi madre nací yo, sin fundamento de padre, y luego me he muerto yo y de mi nació mi madre.
