De nada me sirven,
estas cuatro patas,
que quieta estoy siempre,
sobre mí, el durmiente.
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Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Con patas y espalda, no se mueve ni anda.
Cuatro patas tiene y no puede andar también cabecera sin saber hablar.
Doy vueltas y no soy tiempo, un secreto sé guardar, si no me cuidan, me pierdo. ¿Con mi nombre sabrás dar?
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
¿Qué cosa es si hace espuma, lava la ropa y huele muy bien?
