De nada me sirven,
estas cuatro patas,
que quieta estoy siempre,
sobre mí, el durmiente.
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En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
Con patas y espalda, no se mueve ni anda.
En invierno se usa porque da calor en verano estorba y se echa al rincón.
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Yo tengo calor y frío, y no frío sin calor, y sin ser ni mar ni río, peces en mí he visto yo.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
