Del fin del estanque vengo,
para mirar a los niños,
a los cuales entretengo,
con saltos, juegos y brincos.
¿Quién soy?
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Aunque no soy pajarillo canto sin ninguna pena y cuando en plural me usan represento la condena.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Es la reina de los mares, su dentadura es muy buena, y por no ir nunca vacía, siempre dicen que va llena.
Tiene las orejas largas, tiene la cola pequeña, en los corrales se cría y en el monte tiene cuevas.
Mi nombre lo leo, mi apellido es pardo, quién no lo adivine, es un poco tardo.
Tiene lamparitas de luz verde y cuando es de noche las enciende.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
¿Qué es, qué es, del tamaño de una nuez, que sube la cuesta y no tiene pies?
Anido en las torres, largo cuello tengo y todos los años por San Blas vengo.
