Del fin del estanque vengo,
para mirar a los niños,
a los cuales entretengo,
con saltos, juegos y brincos.
¿Quién soy?
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Aunque no soy florista trabajo con flores y por más que me resista el hombre arrebata el fruto de mis labores.
Sin tener alas yo vuelo. Tengo cola y no soy ave, y como usted muy bien sabe, sin viento me voy al suelo.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
De cierto animal di el nombre: es quien vigila la casa, quien avisa si alguien pasa y es fiel amigo del hombre.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
Si te pregunto cómo se llama este gran bicho, ya te lo he dicho.
Si la tienes tú la buscas, si no la tienes, ni la buscas, ni la quieres.
Grandes patazas, chicas manitas, lindos colores en mis alitas, salto y no sé dónde caeré.
Chao, chao, rabito «alzao».
