Duro por arriba,
duro por abajo,
cara de serpiente
y patas de palo.
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Es negro como un curita y no se cansa de hacer bolitas.
Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.
Soy un animal pequeño, piensa mi nombre un rato, porque agregando una «n» tendrás mi nombre en el acto.
A la orilla de los ríos, croan sin meterse en líos, saltos dan, mas no son osos sino animales verdosos.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
Con su risa mañanera toda la playa alborota, pescadora y marinera.
Tengo alas y pico y hablo y hablo sin saber lo que digo.
Nadie admira tu cantar, ni tus patas, ni tu pico, ya que todos quedan prendados de tu abanico.
¿Quién allá en lo alto en las ramas mora y allí esconde, avara, todo lo que roba?
