Duro por arriba,
duro por abajo,
cara de serpiente
y patas de palo.
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Si te pregunto cómo se llama este gran bicho, ya te lo he dicho.
Lo mismo que un galgo valgo, su retrato soy y amigo, y si por el campo salgo, las liebres mucho persigo, y es cierto que no soy galgo.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Larga y lisa, larga y lisa, llevo puesta una camisa, toda bordada, bordada, sin costura ni puntada.
Un solo portero, un solo inquilino, tu casa redonda la llevas contigo.
Soy señor muy elegante y excelente nadador, y puedo hacer con mi cuello signos de interrogación.
Soy un turco pues sustento las mujeres que me dan, con quien hago de galán; repártoles el sustento, de celos padezco afán. Roja diadema me adorna, el traje Dios me lo dio, y aunque carezco de dientes tengo fama de cantor.
Aunque yo llevo pijama, siempre ando muy despierta, por no servir al león de suculenta merienda.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Cuando nada en los ríos parece un tronco flotante, pero si muestra sus dientes todos huyen al instante.
