En el campo me crié
dando voces como loca;
me ataron de pies y manos
para quitarme la ropa.
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De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
Aunque yo llevo pijama, siempre ando muy despierta, por no servir al león de suculenta merienda.
Anido en las torres, largo cuello tengo y todos los años por San Blas vengo.
Lo mismo que un galgo valgo, su retrato soy y amigo, y si por el campo salgo, las liebres mucho persigo, y es cierto que no soy galgo.
Tiene famosa memoria, gran tamaño y dura piel, y la nariz más grandota que en el mundo pueda haber.
Va caminando por un caminito, no tiene alas y va despacito.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
Nunca camina por tierra, ni vuela, ni sabe nadar, pero aún así siempre corre, sube y baja sin parar.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Soy pequeño y alargado, en dos conchas colocado, como no puedo nadar, me pego a las rocas del mar.
