En la mesa me ponen
y sobre mí todos comen.
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Adivíname ésa.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
En lo más alto me ponen para que el viento me dé, soy guía para los hombres y siempre estoy de pié.
Cuando te veo me ves, cuando me ves te veo, y no te parezco feo.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Es una pera colgada que toda la casa alumbra sin tener humo ni llama.
En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
