En la mesa me ponen
y sobre mí todos comen.
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Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
En lo más alto me ponen para que el viento me dé, soy guía para los hombres y siempre estoy de pié.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Doy vueltas y no soy tiempo, un secreto sé guardar, si no me cuidan, me pierdo. ¿Con mi nombre sabrás dar?
En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Es verdad que tú le miras, es mentira que te ve, sois iguales uno al otro, está claro que eres él.
