En la mesa me ponen
y sobre mí todos comen.
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Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.
En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Aunque músculos no tengo, los techos yo sostengo.
En los baños suelo estar, aunque provengo del mar.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
En lo más alto me ponen para que el viento me dé, soy guía para los hombres y siempre estoy de pié.
Es verdad que tú le miras, es mentira que te ve, sois iguales uno al otro, está claro que eres él.
Soy de cabeza redonda y me sostengo en un solo pie. Soy de tal fortaleza que a Dios hombre sujeté.
